El obestrés

Sergio Doménech López | 28/12/2017




Más que evidente es la relación que se produce entre estrés y obesidad. Todos los días, en consulta, recibo el mismo problema. Picoteo porque estoy estresada. No puedo evitarlo. Digo estresada porque la mayoría de las personas que refieren este problema son mujeres, aunque no es exclusivo de este género.

 

Vivimos tiempos en los que el estrés es la condición normal de las personas. Raro es el que nunca ha sufrido o presenciado un “ataque de ansiedad” y más extraño aun, el que no vive deprisa. Este nuevo ritmo de vida ha producido grandes cambios en la forma de alimentarnos. Cocinamos deprisa, o no cocinamos. Compramos deprisa, elegimos deprisa y por supuesto, comemos deprisa. La prisa a la hora de comer hace que en muchas ocasiones perdamos la capacidad de saciedad. Además, diversos estudios, han demostrado como las situaciones de estrés provocan la elección de alimentos más palatables, más agradables al paladar. Generalmente más ricos en grasas y azúcares. Son los llamados alimentos de recompensa.

 

Además, esta sociedad de la prisa, del estrés, es injusta con las personas que presentan este patrón. Qué irónico resulta que siendo el estrés un ente común en casi todas las personas de nuestra sociedad occidental, y el aumento de la ingesta un comportamiento habitual del estrés, la sociedad nos acuse de gordos, de descuidados, de vagos, por mantener esta pauta. El castigo social hace que se incremente la ansiedad y así, en muchas ocasiones que se incremente la ingesta y por tanto, el sobrepeso. Es el pez que se muerde la cola.

 

Por tanto, muy difícil será someter a una persona que está pasando por un cuadro de ansiedad a una dieta muy restrictiva. Se hace de vital importancia entonces, en consulta, el entrenamiento de la persona obesa o con sobrepeso en técnicas de reducción del estrés y de manejo de la ansiedad.

Amplía información sobre este tema que publicó la SEEDO en su XVIII día de la persona obesa haciendo clik aquí.